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La ley del Karma, nuestras causas, nuestros efectos y nuestra oportunidad de cambio.


“Todo pensamiento humano, al desarrollarse, pasa al mundo interno, y se convierte en una entidad activa, asociándose o ligándose, por decirlo así, con un elemental, esto es, con una de las fuerzas seminteligentes de los reinos. Este sobrevive como una inteligencia activa, como una criatura engendrada por la mente, durante un periodo más corto o más largo, proporcionado a la intensidad original de la acción cerebral que la creó. Así, un pensamiento bueno se perpetúa como poder activo benéfico; y uno malo, como un demonio maléfico. Y de este modo el hombre está continuamente poblando su corriente en el espacio con un mundo suyo propio. Lleno de los brotes de su fantasía, deseos, impulsos y pasiones; una corriente que reacciona sobre cualquier organización que se ponga en contacto con ella, en la proporción de su intensidad dinámica. El budhista llama a esto su “skandha”; el brahman le da el nombre de Karma. El adepto desenvuelve estas formas conscientemente; los demás hombres las lanzan inconscientemente.”


Palabras de las cartas del Maestro K. H. a Sinnett

El Mundo Oculto, por Sinnett, tomo I, paginas 219 y 220, edición española.




Teorías, explicaciones y formas van y vienen, la Ley del Karma puede ser resumida de manera importante para su interpretación, pero para comprenderla verdaderamente hay que ser consciente de vivirla y sentirla, si logras hacerlo te convertirás en un fiel observador de lo que creas e incitas desde tu profundidad y podrás conducir el destino de tu vida con mayor certeza. Nadie está exento de su ley, todos somos impulsados por los ríos invisibles de ese impulso constante del Karma. Cualquier aplicación de energía con una intención o forma consciente o inconsciente ya sea en pensamiento, sentimiento, acción o conducta generará activación en la rueda kármica. El karma sostiene nuestra vida y son las acciones de nuestra vida la que le dan sustento al Karma.



Comencemos por quitarnos el miedo al Karma

Dirían los estudiosos de la abogacía, de las leyes terrenales y su correcta aplicación ignorantia iuris non excusat la ignorancia no exime del cumplimiento de la ley; en este caso podríamos decirlo así, la ignorancia de la Ley del Karma no te exime de sus efectos. Es decisión de uno permanecer ignorante de lo que las leyes naturales nos afectan o comenzar a comprenderlas para que nos afecten de la manera en que queremos que nos afecten, positivamente.


“Quien desea profundizar en su ser llegará a planicies de entendimiento tan potentes que jamás querrá regresar a la ignorancia sostenida por la naturaleza de las formas individuales y colectivas del pasado.”


Al buscar nuestra espiritualidad tropezamos muchas veces con nuestra ignorancia sobre el Karma, buscamos deshacernos de él a toda costa, como si fuera nuestro enemigo. Si nosotros creamos nuestra existencia con hilo y ese hilo se enreda en nuestro camino, no necesitamos deshacernos del hilo, necesitamos aprender a trabajar y crear de manera consciente con el hilo.


Con visible ignorancia, del Kárma todos hablamos, cuando lo hacemos le impregnamos un poco de gusto y placer doloroso con un tanto de sentimiento de venganza. La mayoría de las veces ocupamos el termino Karma cuando en el fondo deseamos venganza sobre quien supuestamente nos agravió o nos generó algún daño.


Pensamos que el Karma es la venganza del Universo contra cualquier semejante que haya causado algún mal, si el mal es a nosotros mismos pedimos con mayor fuerza que el supuesto castigo divino denominado Karma caiga con todo su peso sobre quien consideramos nos faltó. La realidad es que no estamos tan lejos de uno de los efectos naturales del Karma, pero si lo suficientemente lejos de poder comprender y ser conscientes de su sigilosa y condicionante función.


Actualmente definimos al Karma como castigo o correspondencia a la acción negativa, puesto que logramos entender una mínima parte de su naturaleza. Pero como vamos a entender completamente el Karma si no somos conscientes de que nuestros actos deben de ser acompañados de una responsable intención desde su creación. Al intencionar nuestros pensamientos, palabras o acciones sin responsabilidad tenemos una alta probabilidad que dicha creación impacte de manera negativa en algo o a alguien, por consecuencia, tarde o temprano tendremos una reacción de la misma proporción, a lo anterior le llamamos efectos del karma. Que no nos impacte esto somo seres humanos que aún pensamos que vivimos individualmente separados uno del otro, competimos, envidiamos, mal intencionamos porque no logramos comprender nuestra verdadera unidad como raza humana.


Comprendemos que el karma es el mecanismo de retribución de los actos del individuo, pero no logramos comprender como condiciona tu vida presente y también tus vidas futuras, si, creámoslo o no, nuestra vida va más allá de la muerte física y los procesos humanos naturales que nos enseñaron. Afortunadamente en


el horizonte de la nueva consciencia se vislumbra el reconocimiento al Karma como lo que es, el fiel impulsador y acompañante de nuestras constantes experiencias de vida y futuras formas de existencia. Me gusta pensar que la palabra Karma, junto con su natural ley y su significado comienzan a salir del espacio obscuro y místico donde permanecían guardados, dando pie a una nueva comprensión y posibilidad de utilización del entendimiento de su naturaleza a nuestro favor. Porque el karma no es castigo, sino consecuencia, el karma no es otra cosa que el retorno de tu intención manifiesta.



¿Qué es el Karma?


La palabra Karma es de origen sanscrito y significa acción. Algunas doctrinas y religiones le han dado su connotación de distinta forma, aunque ninguna se opone, todas tienden a identificar el efecto del karma como la consecuencia correspondiente del acto del individuo, la causa condicionante de sus acciones mas no determinante. Como almas libres que somos, siempre tenemos la posibilidad de contrarrestar nuestros actos negativos manteniendo nuestras influencias y tendencias hacia los actos positivos, por lo tanto, podemos comprender que el Karma está dotado de principios de equilibrio y justicia, puesto que genera la inercia natural de correspondencia a nuestros buenos actos y buenas intenciones o genera la inercia natural de correspondencia a nuestros malos actos y malas intenciones, atándonos al resultado de un “buen karma” o un “mal karma”. El karma nos hace entender que somos conductores únicos de nuestra vida, constructores del presente que vivimos y forjadores solitarios de nuestro siguiente destino.


El karma es acción pura, el impulso del proceso activo, la fuerza corriente que impulsa lo creado, sigiloso conductor e indudable motivo de nuestros distintos caminos de aprendizaje. El Karma es el mensajero oculto del mensaje por aprender, su ley sustenta y rige la vida humana, más allá de las leyes creadas por nosotros mismos. Cada acto, cada pensamiento, cada idea manifestada, cada aplicación de energía creadora del individuo y del colectivo tendrá una consecuencia, a toda consecuencia le antecede una acción, cada acción por Ley de Karma obtendrá una reacción y está por consecuencia será su propia creación. De dicha creación estaremos sostenidos en vinculo y responsabilidad, esto quiere decir que el karma puede ser tan extenso en su aplicación que los hechos del pasado de esta vida nos alcancen hasta nuestro último respiro o nos prepare una trascendente lección en alguna próxima reencarnación.


El Karma actúa por correspondencia, aseverando el compromiso de su efecto gracias a su origen y naturaleza. El Karma no es un invento ideológico sostenido a través de las distintas culturas humanas, el Karma es energía creadora sostenida por las fuerzas naturales del Universo. Ante su capacidad de aplicación y su indudable alcance, el Karma se convierte en la base del camino, en la señal de retorno o de avance a nuestro siguiente destino. El karma sostiene también el aprendizaje, pues no hay reacción alguna que provenga de la naturaleza que no contenga un profundo mensaje. El Karma se comporta como fiel compañero de nuestra vida, si lo ignoramos nos hará sentir que está siempre presente en nuestra vida, si lo consideramos nos dará los frutos benevolentes de ser conscientes de tan poderosa compañía.


La tercera Ley de Newton asevera que a toda acción le corresponde una reacción proporcional, pero en sentido contrario, esto quiere decir que cada acto tendrá su propia reacción, siendo esta última de la misma magnitud y cualidad con la que se originó, pero en dirección contraria. Para el propósito de este artículo y lo que buscamos entender para afianzarnos a una mejor comprensión, es que cada acto que generemos tendrá su propia reacción, dotada de la misma cualidad intencional con la que ésta se creó en dirección contraria, ósea hacia nosotros mismos. Cosechamos lo que sembramos, la semilla es distinta a la cosecha, pero la recibirás con las cualidades substanciales con las que sembraste la semilla. Si fuiste descuidado en la siembra, la cosecha vendrá incompleta, pero si aparte descuidaste el riego vendrá deficiente en los compuestos de la misma. Si sembraste con cuidado, abonaste y mantuviste el riego necesario, la cosecha estará completa y abundante. Nada sucede por casualidad todo sucede por una causa, el Karma es el desencadenamiento de los acontecimientos futuros dotados del impulso de tus propias acciones pasadas.


Si partimos de aquí, toda energía creada y manifestada en nuestra realidad presente tendrá su correspondiente consecuencia en algún momento, en algún futuro, en algún plano o en alguna vida. Ser conscientes del Karma tan sólo es entender que nuestros actos, nuestras ideas, nuestras construcciones y creaciones, así como tienen un origen, tendrán un fin más allá de las formas y la materia. Y es que el individuo cree que vive su propio karma como castigo personal, la verdad es que el individuo sólo genera la causa y afronta el efecto, esto como parte de su propio camino en su misión de aprendizaje en la tierra.

El ser humano tiene la capacidad natural de ser una fuente inagotable de creaciones que comienzan en su mente y terminan siendo su experiencia. Puede crear formas mentales que lo lleven a perderse por años en el juicio interno de sus propias ideas, también forma opiniones sobre sí mismo que le impiden desarrollar sus capacidades superiores y muchísimas veces más mantiene estructuras mentales que le impusieron y que al pasar de los años se convierten en figuras obsoletas que le impiden el paso a la expansión de su propia consciencia. Vivimos bajo la influencia casi total de una incesante lluvia de programaciones de toda índole, intencionada o no, el ser humano las recibe, las adopta como verdad y las ocupa para crear su realidad. Es por ello que muchas veces creamos sin ser conscientes. Sin caer en la tragedia asumamos que vivimos en un mundo donde los actos de la mayoría están influenciados por una minoría, esa minoría carece de amor, por lo tanto, no cuenta con la integridad que te dan los valores y los principios que emanan de él. El Karma actuará sin que le importe si estás influenciado o no por una ausencia de amor y responsabilidad o por una fuente de amor infinito, el Karma sólo actuará. Ante esto es importante cuestionar lo siguiente, ¿qué ves hoy en el mundo? ¿estamos abriéndonos paso sobre el fuego que hicimos cuando creamos pequeñas chispas en nuestros primeros actos inconscientes? ¿qué ves hoy en tu vida? ¿estás creando chispas? ¿estás abriéndote paso sobre el fuego? ¿estás logrando caminar sobre una cómoda superficie? Cualquiera que sea tu respuesta lo importante es que hoy podamos ser conscientes de mejorar el camino teniendo al karma como aliado, ya no más como la fantasía del eterno verdugo.


Si el propósito de la humanidad y del ser humano individual fuera encontrar el camino al equilibrio, la armonía y la paz, entonces habrá que ser fieles observadores y comprometidos analíticos de la ley del karma, pues de eso dependerá el proceso de dolor o el aprendizaje con amor. Para quienes queremos la existencia de la vida humana y el planeta en equilibrio, paz y armonía, el cambio y la transformación humana es ya una realidad, estamos adoptando nuevas formas y buscamos hacernos de información y experiencias para integrarlas y estas nos permita “darle vuelta” a la vida de dolor, caótica y complicada que hemos creado.


Para comprender la Ley del Karma y los aspectos de las leyes naturales que rigen la energía que emana de nosotros y le da soporte a nuestra vida cotidiana a través de nuestras creaciones, ya no necesitamos escondernos más dentro de la cueva o protegidos por algún sistema u organización o “secta”. Nuestra afanosa búsqueda a través de nuestras preguntas, tiene cada vez más cerca un gran cumulo de respuestas, sólo basta sentirse así mismo y observarse, definir con detenimiento la búsqueda y aventurarse realmente en los positivos que brinda la llamada era de la información para poder llegar a nuestra propia respuesta interior basada en nuestra propia experiencia. Así es como La Ley del Karma reaparece en este momento porque es necesario para ti, para mí y para todos los seres sintientes comprender como hemos llegado hasta aquí y por qué el Karma es la acción pura de nuestros deseos más profundos y la consecuencia de nuestros actos conscientes e inconscientes.




Cocreando las posibilidades de un mejor porvenir


Así es, el Karma no es malo, ni es bueno, tan sólo es el efecto correspondiente a la acción generada por nosotros mismos. Haz las cosas bien y las consecuencias serán buenas, haz las cosas mal y las consecuencias serán de su misma forma, en esta vida o las siguientes. Cada individuo atraviesa sus duras lecciones por ser el mismo quien las generó, no hay forma alguna que la experiencia de su vida sea consecuencia de alguien distinto a él.


Lo mismo sucede a nivel colectivo, a lo largo de nuestra existencia hemos construido nuestro presente a través de años y años de construcciones de ideas y formas, generación, tras generación fuimos labrando y gestando el porvenir humano, absolutamente todo lo vivido está ligado a nuestros actos del pasado, incluso con la cualidad energética correspondiente a cuando la originamos.

Los sistemas controladores de la libertad humana notoriamente tienen sus propias consecuencias negativas, pues no se vislumbra un escenario realmente armonioso o pacifico a raíz de su existencia y control sobre los individuos. El sistema económico, carece de cualidades y principios justos, pues son pocos los ricos y muchos los pobres por lo tanto genera desequilibrio porque desde su origen su intención substancial fue esa. El planeta tierra con todo y su gran superioridad frente al colectivo humano, presenta distintas reacciones extremas en sus procesos naturales, hoy vivimos sus ciclos y procesos con mucha más fuerza que otras veces, por consecuencia de su natural reacción ante nuestras distintas acciones nocivas sobre ella. La generación de adolescentes y jóvenes viven una de sus peores crisis existenciales, extraviados en el descontrol de la información y estereotipos tendenciosos que nosotros adultos fuimos construyendo a través de nuestros actos irresponsables e inconscientes, es decir sus vivencias actuales son nuestras consecuencias. No nos derrotemos con estas referencias, ni tampoco nos castiguemos, la ignorancia de las Leyes Universales prevalece hasta la fecha y es por ello que hemos sido grandes creadores de complicadas experiencias y situaciones.


El buen karma hoy se vislumbra como una gran luz al final del túnel, en tiempos pasados venimos también y sembramos la semilla de la consciencia y como magia pura del propósito real de nuestra existencia, actualmente estamos comenzando a ver que una parte importante de la humanidad está despertando, cambiando la antigua forma por una vida integrada de mayor paz, salud y armonía. Muchas almas están llegando para ser niños con tendencias a mostrar abiertamente sus dones naturales y suprasensibles, muestran un gran poder en sus actos de amor y bondad, ellos logran sensibilizar a sus padres abriendo los ojos de la consciencia hacia nuevas maneras de crear sus núcleos familiares. Muchos adultos se cansaron de creer en lo que no les da resultados y están optando por observar en su interior para conocer su verdadero poder, eso está generando una colectividad más conectada con su corazón. Nuevas ideas y proyectos apegados a la consciencia humana siembran paso a paso nuevas estructuras que le den una base sólida a un nuevo porvenir. La gente está comenzando a dudar de los alimentos que ingieren, de los estudios que los forman y de las creencias que les heredan, todo esto genera un nuevo ciclo kármico, pues modificar la raíz de nuestros actos con intenciones de transformación positiva generará por consecuencia un porvenir alejado de experiencias dotadas de sufrimiento y dolor.


Y como aquí se ve, la Ley del Karma nos obliga a ser conscientes de la misma para poder crear naturalmente a nuestro favor. Es a través de los actos creados desde el corazón, dotados de amor e intención pura que comenzamos a equilibrar nuestra “cuenta kármica”, pausamos nuestro generador de “mal karma” y comenzamos a establecer una tendencia hacia actos que generen positivos kármicos en nuestro día a día. No nos excusemos ante la posibilidad de crear actos de caridad, actos positivos de ayuda y de servicio a nuestros semejantes, pues la acción de servicio positivo a nuestro entorno creará una cadena de valor incalculable de actos positivos capaces de limpiar el karma individual y colectivo, a cada acción de amor le corresponderá su reacción implícita, substanciosa y formada de la misma energía con la que se creó, amor. Los actos provenientes del corazón del hombre están naturalmente alineados al propósito natural de su existencia, el alma busca la experiencia, pero el fin del hombre busca su permanencia y la permanencia sólo se puede dar a través de un buen karma, pues es el acto de amor el que construye ya que su opuesto, el acto basado en el miedo, destruye.


La humanidad sin ser en su totalidad consciente de la capacidad de limpieza kármica que tenemos, está comenzando a generar un gran cambio a través de las nuevas formas de cocrear, desde el pensamiento hasta la acción, somos más los que buscamos generar el buen karma, somos más los que con valentía nos proclamamos con orgullo renacidos por nuestro trabajo de sanación personal. No existe trabajo interno de desarrollo personal que no genere un karma positivo, pues la sanación natural del hombre está basada en actos de bondad, de humildad, de empatía, de tolerancia, de amor propio, y quien se ame a si mismo tan sólo creará formas positivas en su interior y en su exterior, pues es la energía del amor la generadora de los principios y valores humanos que jamás fenecen y permanecen existentes incluso más allá de las distintas dimensiones de la consciencia y de la existencia. Es la semilla del amor la que necesitamos sembrar en nuestros actos para que a partir de hoy podamos vivir el karma desde otra perspectiva y experiencia.



“Es una verdad indubitable que vivimos bajo el dominio de leyes; que estamos rodeados de leyes que no podemos violar. Sin embargo, cuando se reconoce esta verdad de una modo positivo y genuino, y cuando se ve que es un hecho en el mundo mental y moral, lo mismo que en el físico, se apodera de nosotros cierto sentimiento de desamparo, como si nos sintiéramos presa de un poder vigoroso que, asiéndonos fuertemente, nos arrastrase según su voluntad. Pero la verdad del caso es precisamente lo contrario; pues aquel gran Poder, una vez conocido, nos llevará sumisamente adonde QUERRAMOS; todas las fuerzas de la Naturaleza pueden ser empleadas en la proporción en que son comprendidas. – “La naturaleza se conquista por la obediencia”- y sus energías irresistibles se hallan a nuestra disposición desde el momento en que procedemos conscientemente en el sentido en que obran, y no en su contra. En sus inagotables depósitos podemos escoger las fuerzas que sirvan a nuestros propósitos, en ímpetu, en dirección, etc.; y su misma estabilidad se convierte en garantía de nuestro éxito.”


Besant, Karma, segunda edición, 1911, (España)


Jorge L. López del Castillo Aguirre

















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